Contextos de ayuda. Procesos de cambio.

En su libro Crime in the Making, Sampson y Laub (1993) desarrollan la teoría del control social informal para explicar la conducta delictiva como parte de un trayecto vital (life course). En esta obra seminal los autores mostraron cómo transiciones tan relevantes en el desarrollo vital como obtener un empleo, entrar en el ejército o contraer matrimonio afectaron para  bien el curso del delito, incluso en el caso de los delincuentes juveniles.

Cuando nos encontramos con un caso de menor delictivo, tanto siendo terapeutas como familiares, amigos, profesores, etc. Solemos tomar el caso como un problema, lo cual es algo dentro de lo común, pero cuando ese menor está inmerso en el mundo de las drogas o de la delincuencia parece ser que ponemos más el grito en el cielo o nos avergonzamos; es un bicho raro que ha traspasado las fronteras de lo común, de lo socialmente aceptado.

Siguiendo la exposición de Sampson y Laub, si tomásemos esta etapa del menor como una manifestación de patología en el ciclo vital, como algo que tiene solución y no como algo que nos ha hecho perder a la persona, que nunca volverá a ser igual, podríamos tener una perspectiva más favorable para la ayuda al menor.

Debemos entender las etapas vitales del proceso de maduración del menor, así como los cambios contextuales que le repercuten.

Según sugieren autores como (Gottfredson y Hirschi, 1990), el delito declina naturalmente con la edad, por lo que a las personas próximas al menor nos compete situarnos en una postura de reflexión, apoyo y ayuda a la toma de decisiones, no faltando a la disciplina o callendo en un modelo educativo de “laissez faire”, pero sí situándonos como compañeros más que como guardianes represores.

El menor en esta etapa atraviesa un momento emocional muy complejo en el que una intervención intencionada puede acelerar el proceso natural de cese de estas conductas. Esta intervención, además de intervenir en su contexto y cambiarlo, tiene como herramienta efectiva creación de nuevas conexiones que construyen el capital humano en los delincuentes y el capital social en las comunidades donde éstos hayan de reintegrarse pues  tal y como se pone de relieve en los estudios sobre el desarrollo de la delincuencia, el descenso en el delito se atribuye a la formación de controles sociales informales (o “vínculos”) con los demás, tanto en la esfera personal (noviazgo) como social (empleo).

El cambio no es algo inmediato, es un conjunto de pasos.

Laura Piedrahita López

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